Cómo hacer valer la Cuaresma
El año litúrgico de la Iglesia comienza con la añoranza y la espera de la temporada de Adviento. Nos hace sentir atraídos hacia el maravilloso misterio de Dios, hecho hombre en Navidad. Tal es el amor de Dios, que nos envió a Su único Hijo, un ser como nosotros en todos los aspectos, excepto en el pecado.
Hace apenas unas semanas, celebramos la octava de importantes y jubilosas fiestas que son parte de la Navidad: los Santos Inocentes; María, Madre de Dios; la Epifanía; el Bautismo del Señor. Esa es la fiesta que nos enseña que Cristo vino para cumplir con una misión que nos ha encomendado a nosotros.
¿Y cuál es esa misión? Hemos de vivir como Él vivió. Hemos de amar como Él amó. Hemos de servir como Él sirvió.
Después de un período de tiempo Ordinario, que es como un respiro en el año litúrgico, nos encontramos ahora en el umbral de la temporada penitencial de la Cuaresma. El blanco y el verde dan paso al morado. Dejando atrás el gozo casi infantil de la Navidad, nos preparamos para momentos sombríos, de reflexión. Lamentamos hallar que estamos muy distantes de ser los hijos e hijas amadas de Dios que debemos ser. Buscamos la “metanoia”.
Todos nosotros necesitamos de la Cuaresma, un tiempo para evaluar nuestra vida de discípulos de Cristo comisionados por nuestro bautismo, al igual que Cristo fuera comisionado por el Suyo, a ser instrumentos del amor de Dios en nuestro momento y en nuestros tiempos.
Todos necesitamos de la Cuaresma para estar en comunión con Dios de manera más intensa. Así como es necesario que los amigos pasen tiempo juntos, que conversen, y que continúen estrechando su relación, también la Cuaresma implica una búsqueda de más oportunidades para la oración y para el diálogo con Dios.
Todos necesitamos de la Cuaresma para mejorar nuestro enfoque, para volvernos más disciplinados, para estar más atentos a aquello que es importante en la vida, lo que nos da sustento, lo que hace que valga la pena vivir. Por lo tanto, durante la Cuaresma es preciso estar mejor enfocado, tener más disciplina, hacer penitencia, organizar nuestras prioridades, liberarnos de las cosas que complican nuestra vida y que crean desorden, para así poder concentrarnos en lo que es esencial: la fe, la paz y el amor.
Todos necesitamos de la Cuaresma para motivarnos a dedicar menos tiempo a la búsqueda de la satisfacción personal y más tiempo a nuestro prójimo. Así, durante la Cuaresma, es importante dar limosna, ver más allá de nuestras propias necesidades y ayudar al prójimo. Debemos prestar menos atención a nuestras necesidades para ver con mayor claridad las necesidades de los demás. La Iglesia nos invita a hacer de esta temporada un tiempo de intensa oración, de penitencia y de limosna.
Yo siento necesidad de la Cuaresma. Los Obispos no estamos libres de sentir esa necesidad. Necesito aumentar mi unión con Dios.
Cuando me detengo a pensar mi vida, veo cómo todos mis quehaceres a menudo me roban tiempo de oración y de reflexión. Necesito hacer una pausa, dedicar tiempo al Señor. Siento que el don mayor de ser obispo de nuestra Diócesis no es lo que logro realizar, por importante que eso sea, sino el ejemplo que yo dé como persona de oración.
Puedo actuar de manera que todo gire en torno a mí, cansarme de dar, cansarme de servir. Puedo poner mis propias necesidades e inquietudes en primer lugar, como el peón, que no es el pastor. Necesito de esta temporada para organizar mis prioridades.
Necesito de esta temporada para vivir en mayor plenitud el mensaje de Cristo “todo el que pierda su vida la encontrará, y aquel que se aferre a ella, la perderá”. Necesito de esta temporada para abrir los ojos a las necesidades de los demás, para poder oír el clamor de quienes buscan una respuesta. Durante esta Cuaresma, aprovechen la oportunidad de dar un paso, por pequeño que sea, hacia la gracia de Dios, para ser mejores discípulos aumentando las oraciones, la penitencia y el sacrificio por los demás y compartiendo los abundantes dones que Dios les ha dado con otras personas que tienen muy poco. Hagan valer la Cuaresma.
